Por fin, después de una larga, larguísima noche en nuestro compartimiento de seis personas de tren borreguero, son las nueve y media de la mañana cuando llegamos a Sarria. Al final, como es más que evidente, no vamos a poder sufragarnos el viaje escribiendo un guión basado en alguna de las excitantes experiencias en el tren. Veamos, las tres enfermeras no son en realidad enfermeras sino tres funcionarias de sanidad de las que dos son una pareja de lesbianas del tipo mujerona mayor machorra y bastante gorda y jovencita estilo “joder-que polvo tiene”. Para más inri, la mayor decide que su deber es despertarnos una hora antes de que llegue el tren no vaya a ser que nos pasemos de parada. En fin, mientras desayunamos indagamos donde debemos conseguir nuestra acreditación de peregrinos (en la parada de taxi, por supuesto) y nos agenciamos una para cada uno. La chiquita que lleva el tema en el ayuntamiento de Sarria nos mira de arriba abajo con cierto recochineo ¿En qué se notará que somos peregrinos de ciudad? ¿Tal vez en mi mochila brillante y reluciente? Quien sabe. Total que salimos de la oficina del peregrino en el ayuntamiento de Sarria y Paco decide que el camino correcto es en dirección opuesta a las flechas amarillas. Yo no quiero discutir, pero una flecha es una flecha, y todo el mundo parece que se ha perdido a diferencia de Paco, porque van en dirección contraria, siguiendo el camino de flechas amarillas. Conclusión, que después de dos rampas mortales de necesidad y una hora caminando, hemos visitado toda la población de Sarria (muy bonita por cierto), Paco ha comprado una recarga para el móvil, ha estrenado el chubasquero (¿había comentado que estaba lloviendo?) y hemos recorrido la friolera de…nada, estamos en el mismo punto de partida que cuando dejamos la oficina del peregrino ¡premio al mongolito de oro! ¿Qué parte del Mago de Oz no entendió? Lo dice bien claro, “siga el camino de baldosas amarillas”, no “haga omiso de las indicaciones y vaya en dirección contraria al resto de los peregrinos”. En fin, mejor que yo me calle. Al fin y al cabo el de al lado mientras íbamos en dirección contraria era yo. Eso sí, le va tocar pagar esta cagada hasta que nos jubilemos y más allá, vaya que sí.
¿Y el resto del camino en este nuestro primer día de peregrinación? Bien, gracias. Si me pongo las gafas de sol, llueve. Si me las guardo, escampa. Si sale el sol, llevo puesto el chubasquero, y si guardo el impermeable…sí, lo habéis adivinado. Si guardo el impermeable caen chuzos de punta.
Estamos en pleno agosto, la última vez que miré el mapa esto era España, pero sin embargo hace un frío del carajo y ¿A que no lo adivináis? Por supuesto, no he traído de Barcelona ni jersey ni chaqueta. Total, que entre pitos y flautas estoy listo para irme a la cama a eso de las diez de la noche. Me duele la espalda de llevar la puñetera mochila. Me duelen los pies de caminar veintitantos kilómetros con la puñetera mochila y se me han distendido los abductores de subir rampas con la puñetera mochila a la espalda. Menos mal que Paco lleva Saldevas. Digo yo que si quitan los dolores a las mujeres con la regla, seguro que a nosotros nos lo curan todo. Esto no es el camino de Santiago, esto es “Jackass, O Camiño!”, una película en la que un grupo de jóvenes y no tan jóvenes deciden, por voluntad propia y sin que nadie ni nade les obligue, destrozarse el cuerpo y encima se ríen. Próximamente en sus pantallas.
Y para rematar la jornada el polideportivo en el que nos toca dormir, ¿Os había comentado que dormimos tirados en el suelo de la pista de deportes del pueblo de Porto Marín?, como decía, en el polideportivo no había agua caliente, todo lo más tibia, y nos ha tocado al lado de un grupo de cuarentones que se desfondan hinchando colchonetas de playa para dormir. Hincharlas, hincharlas, las hinchan más bien poco, eso sí se agarran unos colofones sin tener que levantarse…
Dicen por ahí que esto es el verdadero sentido cristiano del camino. No se yo que decir. Eso sí, lo curioso del caso es que hasta que mañana por la mañana me despierte con agujetas hasta en las pestañas, me lo estoy pasando como un enano.