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RAT

A veces tengo ganas de decir algo y otras veces de callarme. Y cuando ni hablo ni callo, me encuentro conmigo aquí.

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25.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 7, despedida y cierre –

Nos levantamos, desayunamos y nos vamos a hacer la última visita a la ciudad. Evidentemente, en nuestros paseos para abrir el apetito, nos cruzamos con la catedral, a la que ya entramos a darnos de cabezazos al llegar a Santiago, el casco urbano, tan medieval y bien cuidado y en el que no queda ni un solo bar, solo tiendas de Inditex y cafeterías súper-fashion para turistas y todo lo demás. Finalmente nos plantamos en la estación, cogemos el tren a La Coruña, y de allí el tren litera hacia Barcelona. Teóricamente, con lo precario que es el vagón y la cabina con literas en la que nos toca viajar, debería ser un viaje en plan odisea y todo eso. Sin embargo, me duermo en cuanto me siento, luego me levanto a tomar un bocadillo en la cafetería y antes de las 11 de la noche ya estoy otra vez durmiendo en mi litera hasta las 8 y media de la mañana de un tirón. Nada como el ejercicio para comer con apetito y dormir como un sultán.

En fin, que acabado el viaje y mi particular crónica del mismo, tal vez debería hacer una sesuda reflexión sobre la espiritualidad que me ha aportado, o un mea culpa por no haber contado nada del paisaje que atravesamos, o los bosques, o las casas de pueblo en venta a la vera del camino o… Paso. Era mi viaje y lo hice como quise, y ha sido mi historia y la he contado como la recordaba. Todo lo demás es cierto y existe, pero ya lo contará algún escritor preciosista en la próxima novela de templarios que se ponga de moda.

Fin.

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 6, En Santiago –

El día y todo nuestra actividad a lo largo de las horas se resume rápido: desayuno, paseo, aperitivo, arroz con marisco, siesta, paseo, cena, copas y dormir. Es evidente al primer golpe de vista que lo que hacemos fundamentalmente durante todo el día es pasear. No es por presumir de salud, en realidad lo que hacemos es tiempo para llegar de una hora de comer a la siguiente. Bueno, ni siquiera eso, lo que hacemos es tiempo para llegar de una hora de cervecitas a la siguiente. Es que empieza a notarse el cansancio y las piernas se nos quejan del trote que les hemos dado en los últimos días. Nos tenemos que mover con mucho cuidadito, sin ademanes bruscos, igualito igualito que nuestro abuelito. El consuelo es que no somos los únicos ancianos jóvenes de Santiago. Además, que caramba, ¡Es un gusto no hacer absolutamente nada en todo el día!

Continuará…

20.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 5, De Arca a Monte do Gozo –

Bueno, ya casi estamos al final de nuestro particular camino, nos deben quedar unos dos kilómetros para llegar a la cima del Monte do Gozo. Estoy sentado al borde del camino en una pequeña extensión de césped, y al fondo ya se ve el Monumento al Peregrino. Espero a mi compañero Paco, que hoy viene bastante jodido. Me da la impresión de que al final las botas le han hecho daño en los pies, y eso sí que es un problema. Hablando de cosas jodidas, si llego a saber lo que se me venía encima ayer noche, me voy a dormir al pabellón deportivo, o incluso al medio del monte bajo la lluvia. Seguro que hubiera estado mejor que en la cochiquera esa que llaman albergue. Había casi más cucarachas que peregrinos, y yo diría que esas no estaban de peregrinación sino que eran población local. Mención a parte merece el tema de tener que usar las mismas sábanas del peregrino precedente o el recurrente aroma a orines de los baños que se notaba en toda la instalación. En fin, una experiencia pese a todo, pero de las que prefiero no repetir. ¿Será que me estoy haciendo mayor a mis taytantos años y ya no tengo la flexibilidad de antaño? Seguramente algo de eso hay, pero también es cierto que no parece necesario que las instalaciones fueran más propias del siglo XIX que del siglo XXI. Simplemente con añadir una cafetería, se mantendría íntegro el espíritu de estos albergues y se generaría un flujo de ingresos suficiente para mejorar los servicios.
Paco, entretanto ha llegado a mi altura y ha decidido no pararse, no vaya a ser que le alcance la mujer coja del primer día, que sigue cojeando camino de Santiago y al mismo ritmo que nosotros, jóvenes, sanos y supuestamente vitales. Entiendo que si nos adelanta, se nos acabará la poca moral que nos queda, nos sentaremos y pediremos un taxi por el móvil para que nos depositen directamente delante de un chuletón. Y no seré yo el que diga que no a la idea. Así que mejor me levanto y sigo camino que ya queda poco.
Y seguimos subiendo, y subiendo… y es que yo no entiendo a que viene el nombre de Monte do Gozo, aquí no se goza nada. Todo lo más te vas dejando la pierna por el camino en una eterna rampa de poca intensidad que sigue, y sigue…y por fin ya llegamos. Pero esta llegada parece sacada de la enciclopedia de frases hechas, justo donde está la definición de “cuento de nunca acabar”. Primero llegamos a la cumbre y desde el monumento que le dedicaron a Woijtila no se ve ni la ciudad, ni la catedral ni nada. Después se llega al complejo turístico que se ha montado aquí Don Manuel, casi nada: 3000 camas, supermercados, discoteca, restaurantes… seguro que aquí, como es de pago no hay que negociar que parte de la cama te quedas tú y que parte se quedan los bichos. Como son las 12 decidimos que nos da tiempo de llegar hasta la catedral, que total debe estar al lado. Pues no, nos tiramos más de dos horas y media de caminata, y es que esto de las distancias urbanas como que se aprecia diferente cuando llevas andando desde las 7 de la mañana y cargas con veinte kilos a la espalda. Atravesamos todo Santiago de punta a punta y por fin nos plantamos en la puerta de la catedral. Muy bonita, muy grande, muy todo… pero creo que no estamos en el estado de ánimo adecuado para apreciar su esplendor como se merece así que mejor nos vamos a que nos den el titulín. Seguro que lo habéis adivinado, más de una hora de cola para llegar al despacho de la diócesis y que nos cambien la cartilla con los sellos de control que hemos acumulado durante el camino por una bula como la copa de un pino. Por lo menos parece que el haber acabado la peregrinación con un par nos ha puesto a Dios un poco de nuestra parte. Justo delante de la cola, al pie de la plaza de la catedral veo un hotel con pinta de estar recién remodelado y ¡milagro! No sólo es efectivamente nuevo y moderno sino que además en pleno año Xacobeo tiene una habitación para nosotros. Así que una vez empapelados, nos vamos a nuestra habitación, nos damos una larguísima ducha y nos ponemos a dormir una buena siesta.
Hacia las seis menos cuarto nos despiertan las campanas de la catedral, que llama a la gente a la misa de peregrinos y decidimos que ya que estamos despiertos podemos ir a disfrutar de las evoluciones del botafumeiro. Evidentemente no olemos como debieron oler los peregrinos de antaño, y no necesitamos que nos perfumen, sin embargo sigue siendo una maravilla del arte sacro y la ingeniería ese pedazo de incensario. Por fin, hacia las siete y media hemos acabado con todas nuestras obligaciones, así que ya podemos comenzar con la segunda parte de nuestro viaje, pero no por eso menos importante: botellita de vino recién salida de la nevera y tapas, muchas tapas. Después de hacernos amigos del dueño del bar y de que nos haya recomendado un buen restaurante y no haya invitado a unos orujos de la tierra ya estamos listos para el chuletón, del que damos buena cuenta y que nos deja listos para irnos a dormir.

EL CENTRO DEL LABERINTO

Veo tu voz. Oigo tu mirada. Dibujas preguntas en el aire que mis pupilas no aciertan a contestar. Un brillo ahora ¿qué habrás dicho? Un sombra te nubla. No hay nada en el laberinto entre tu mirada y la mía que me ayude a encontrar el extremo del bramante. Sé que puedo matar al Minotauro y llegar al final del laberinto y entonces...¿Cómo salir de nuevo sin bramante que me guíe? No hay salida posible si no entro. Tampoco habrá problemas si no entro. Mentira, si no entro estaré fuera y seguiré viendo tu voz sin poder llegar al centro que la dibuja. El Laberinto.
¿Quién necesita quedarse fuera del Laberinto? Puedo entrar y hundirme, o volar. Puedo ser un fénix que llegue ardiendo hasta el centro para consumirme sin alcanzar el fin. No permaneceré entonces pero llegaré. O tal vez pueda ser Ícaro volando por encima de un laberinto que a vista de pájaro ya no lo es, y entenderé tus ojos para después caer y no poder levantarme. Es igual, quiero vivir en el centro de todo mientras muero contigo. Y es largo morir, toda una vida. Y es más corto a tu lado. No quiero agonizar una vida entera en una muerte lenta y confusa, prefiero una sucesión de pequeñas muertes brilantes y cegadoras en su ausencia de color. Los colores son sensaciones que se quedan en la boca y pervierten el sabor de lo que bien pudiera estar tras el millón de pequeñas tragedias que conducen has ta la entrada del entramado. No quiero ojos color avellana, quiero ojos que sueñen. No quiero cabello sedoso, quiero pelo que responda cuando el viento pregunte. Quiero transparencia que me deje ver. Quiero transparencia que no sazone lo que mi estómago debe recibir. No quiero soñar en color. Quiero soñar en un blanco y negro esclarecedor que me permita en su atonía a ver de verdad. Cuando el brillo del color desaparece, ya nada se refleja en la superficie del cristal y entonces puedo discriminar con claridad a través de él. No hay Laberinto. Sueño sin colores y entoncres la muerte deja de ser un largo proceso que empieza en el nacimiento para convertirse en algo que llega en medio de una vida. Una Vida, otro laberinto en el que se esquiva la muerte. No quiero bramante en este. Quiero que entres conmigo y me pierdas contigo. Sólo quiero oir tu voz, ver tus ojos, saborear tus palabras. Tocar tu centro. Sobrevivir al centro. Quedarme en el centro. Vivir en el Centro.

18.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 4, De Arzúa a Arca –

Pues ayer, cuando salimos por la mañana, llevábamos una mochila a la espalda y un par de pelotas por delante, pero entre la mochila rota de Paco a la salida de Melide y que a los dos se nos fueron cayendo las pelotas por el camino una detrás de otra en la sesión de la tarde, esta mañana hemos salido doblados ya antes de empezar a andar y con muy poquitas ganas de llegar a patita hasta Santiago. Menos mal que por el camino, unas señoras la mar de simpáticas originarias de Valverde del Camino, provincia de Huelva, le han cosido la mochila a Paco en un pis-pas, y hemos empezado a ver el día de otro color. De no ser por eso, yo creo que Paco lo deja hoy, y yo con él. Al final hemos llegado a Arca, a unos 15 kilómetros del Monte do Gozo, última parada desde la que se supone que ya se ve Santiago. Nos hemos refugiado literalmente en el Albergue de Peregrinos que inauguró Fraga en el año 93. Es como estar en un cuartel; mil millones de literas en un habitación y ya se verá esta noche cómo dormimos. Por ahora ya ha cumplido su misión, y nos pasamos toda la tarde durmiendo. Además no nos toca dormir en el suelo, aunque con la pinta que tienen estos colchones y el color de las sábanas, no sé si eso es mejor o peor.
Hoy no hemos visto al inglés, así que sea lo que sea a lo que se dedica, Paco no lo ha mochileado hasta el corazón de la city. A la que nos hemos encontrado hoy es a una francesa o belga que ha hecho toda la etapa más o menos a nuestro ritmo, y que se ha parado también en el albergue a pasar la noche. La chiquita va disfrazada de peregrino medieval de la cabeza a los pies: sombrero, cofia, vestido de saco, camisa de lino basto y una capa de fieltro con capucha y bolsillón a la espalda de color verde parduzco. Además carga con un zurrón de lo más étnico que va llenando de hierbas que recoge en los márgenes del camino. En estos momentos lleva ya un par de horas sentada a la puerta del albergue hilando lana virgen que se saca del morral con un huso manual de esos que a veces salen en los documentales de la 2. Una de dos, o es una fanática de las costumbres medievales, de esas que no se pierden ni una sola feria de artesanía, o el cura que la confiesa tiene muy mala leche a la hora de imponer penitencias.
Otro que nos hemos vuelto a encontrar es al universalmente conocido entre todos los peregrinos de nuestro turno como chino GTI 16 válvulas. En realidad es japonés, y como tal disciplinado que da miedo, con guía y cámara de fotos digital miniaturizada y última generación. Sale por la mañana temprano a toda leche, se para en todos y cada uno de los sitios que la guía indica que son puntos de interés aunque tenga que desviarse varios kilómetros de la ruta, hace la foto de rigor, y luego vuelve al camino. Por lo visto, lleva así desde Roncesvalles, y pese que hace el triple de kilómetros que nosotros cada día, no pierde comba. Anda el tío tan deprisa que adelanta hasta las bicis. Menudo paso gasta, si fuese él el que perseguía al correcaminos, lo adelantaría y después se quedaría a esperar en el siguiente cruce mientras hace fotos del paisaje.
Ahora vamos a ver si encontramos un restaurante que nos den de cenar y mañana a ver si llegamos a Santiago con tiempo para coger habitación en el Parador de la plaza del Obradoiro, que he oído comentar que no está nada mal para unos pobres peregrinos cansados de tan larga ruta.

Continuará…

15.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 3, Palas de Rey a Melide a Arzua

Después de una noche de sueño reparador y una ducha de las que quitan todos los males, con agua caliente y todo, hemos salido al camino con ánimo festivo, adelantando a los demás caminantes como si estuviesen parados. Nos hemos vuelto a cruzar con el inglés. ¿Cómo?¿Qué no os he hablado del inglés? Pues el inglés es un hombre de edad indefinida entre los cuarten y cincuenta años, vestido con pantalones bombachos (raya planchada incluida), cazadora a juego, camisa blanca, boina negra, zapatos de golf y calcetines hasta la rodilla. Vamos, igualito que un madelmán pero en tamaño natural. En fin, la cuestión es que el susodicho hijo de la Gran Bretaña aparece todos los días andando en dirección contraria desmoralizando al personal. Pese a que Paco y él tienen tendencia a interpretar las flechas amarillas de la misma forma, me dice que si mañana se lo vuelve a encontrar en dirección contraria lo manda de vuelta al Big Ben de un mochilazo.
Al medio día, se nota que ya somos caminantes experimentados y estamos en Melide sentados en una mesa de Casa Ezequiel, poniéndonos hasta arriba de pulpo y ribeiro fresco. No acabo de entender yo eso de que la peregrinación por el camino es una penitencia ¡Así da gusto pecar!
Poco antes de llegar a Melide, Paco ha estado a punto de ser abducido por extraterrestres de “la Obra”. Un niño muy salado le ha invitado a visitar el museo de “El Camino”, pero no el de Santiago sino el de San Escribá. Mira que le he avisado veces, que yo ahí no entro, que esos sitios son peligrosos, que entras a ver un museo y acabas de numerario…Y él erre que erre, que tenemos tiempo, que mira que soy aburrido, que…hasta que ha visto la foto del susodicho en la puerta y ha dado media vuelta como alma que lleva el diablo ¡Menudo susto el pobre! Menos mal que con el pulpo y el vino ya va regresándole el color a la cara. Es que estas cosas las carga el diablo. Yo tengo un amigo que una vez se fue a ver una obra de teatro y acabó haciendo votos de castidad, pobreza y obediencia.
Después de Casa Ezequiel nos vamos a otro bar a tomar unas cervezas mientras esperamos a nuestro amigo José, que es el dueño del bar de tapas al que solemos ir en Barcelona. Por fin llega, nos invita a un par de cervecitas más… ¡Y se va! Nosotros que habíamos quedado con él hacia la una del medio día convencidos de que nos llevaba a comer a alguna parte, y va y nos deja tirados. Ahora a hacer 19 kilómetros más con un litro de cerveza en la tripa. Casi no llegamos. Hemos acabado totalmente derrengados y Paco, al que se le ha roto la mochila a la salida de Melide casi se nos muere. Lo que es la vida, nosotros que le hemos pagado a José el colegio privado de los niños a base de tapas…pues después de ésta, que la universidad se la pague otro.

Continuará…

13.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 2, Porto Marín a Palas del Rey –

Me despierto hacia las cinco de la mañana por el movimiento de muchos otros peregrinos que ya se ponen en camino, pero personalmente no estoy preparado para estos madrugones y sigo durmiendo. Hacia las seis y media es Paco, que por cierto lleva dormido desde las nueve de ayer, el que decide que ya es hora de ponernos en camino ¡Ni siquiera es de día aún! Así que nos levantamos, nos lavamos la cara (en realidad esto último es mentira, el baño está como para no entrar sin refuerzos de una unidad de contención biológica. Aún no estoy preparado para un baño así) y nos vamos a desayunar. Que Dios bendiga a los gallegos que trabajan en la ruta, ya han abierto, y eso que ayer mismo por la noche la misma chica que me hace el café estaba sirviendo las cenas.
Comenzamos la jornada de viaje y, ¡premio!, está lloviendo. Y sigue lloviendo hasta que se me empapan las tres capas de ropa que llevo puesta (sí, ayer tomé buena ropa del clima y hoy me he puesto dos camisetas y una sudadera que me he comprado). Hoy parece que nuestros compañeros de viaje van a ser las señoras de entre 45 y 55 años. Primero nos cruzamos con “The chanclas Challenge” que nos adelanta a toda leche vestida con pantalones cortos de felpa de mercadillo, un jersey recuerdo de Albacete y un chubasquero cutre de los que se venden en las atracciones de Port Aventura. Pero lo impresionante de verdad son las auténticas chancletas de playa que calza con calcetines de lana. Mientras nos deja atrás, creo que paco y yo nos preguntamos avergonzados que para qué narices tanta bota de montaña. Poco después nos adelanta una trouppe de marujas que en lugar de mochilas cargan con bolsas de Carrefour. Si uno se para a pensarlo tiene su lógica. Esas señoras, mochila no han llevado en su vida, pero sin embargo tienen el culo pelado de ir de un lado a otro a carrera de mandamiento, cargadas como mulas con las bolsas de la compra. Para rematar la jugada y sumirnos en la depresión, adelantamos a una anciana coja con rodillera ortopédica, que aparece justo detrás de nosotros durante las siguientes dos horas cada vez que paramos a descansar. ¿Pero qué coño se toma la cojitranca para ir al mismo rito que nosotros?
Total, que durante el resto del día avanzamos, nos paramos a descansar, le vamos cogiendo cariño a la gente con la que nos cruzamos y por fin llegamos al kilómetro 69. Bueno, llego yo. Mi amigo Paco, que anda un poco escocido y camina como si hubiera pasado una noche loca en el cuarto oscuro de una discoteca de ambiente, aparece unos 15 minutos después. Mientras le espero para que me haga una foto delante del mojón que señala tan insigne kilómetro, pasa por delante de mí la banda de la bolsa de la compra. Me preguntan que qué hago plantado en un 69 y yo, pipiolo que soy, les contesto que esperando a alguien que me haga pecar para que en Santiago me absuelvan de eso también. Craso error, la mirada de depredadoras que han puesto me ha recordado a las hienas del tren. Menos mal que aparece Paco por la curva…
En fin, que aunque cansado he llegado al final de la etapa, he buscado habitación en un hotel (el albergue está completo y hoy me ducho. Llamadme pijo si queréis) y tengo la sana intención de comer algo y pegarme una siesta de emperador en cuanto aparezca Paco.
Después de dormir un rato, nos hemos ido a cenar y luego hemos tomado unas copas con las fuerzas vivas del pueblo. Así que ya estamos más que listos para poner la barca de Morfeo rumbo al país de los sueños. Espero que esta noche no se me aparezcan robots asesinos con chanclas de playa ni aquelarres de marujas con bolsas de la compra.
Mañana será otro día.

Continuará…

12.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 1, Sarria a Porto Marín –

Por fin, después de una larga, larguísima noche en nuestro compartimiento de seis personas de tren borreguero, son las nueve y media de la mañana cuando llegamos a Sarria. Al final, como es más que evidente, no vamos a poder sufragarnos el viaje escribiendo un guión basado en alguna de las excitantes experiencias en el tren. Veamos, las tres enfermeras no son en realidad enfermeras sino tres funcionarias de sanidad de las que dos son una pareja de lesbianas del tipo mujerona mayor machorra y bastante gorda y jovencita estilo “joder-que polvo tiene”. Para más inri, la mayor decide que su deber es despertarnos una hora antes de que llegue el tren no vaya a ser que nos pasemos de parada. En fin, mientras desayunamos indagamos donde debemos conseguir nuestra acreditación de peregrinos (en la parada de taxi, por supuesto) y nos agenciamos una para cada uno. La chiquita que lleva el tema en el ayuntamiento de Sarria nos mira de arriba abajo con cierto recochineo ¿En qué se notará que somos peregrinos de ciudad? ¿Tal vez en mi mochila brillante y reluciente? Quien sabe. Total que salimos de la oficina del peregrino en el ayuntamiento de Sarria y Paco decide que el camino correcto es en dirección opuesta a las flechas amarillas. Yo no quiero discutir, pero una flecha es una flecha, y todo el mundo parece que se ha perdido a diferencia de Paco, porque van en dirección contraria, siguiendo el camino de flechas amarillas. Conclusión, que después de dos rampas mortales de necesidad y una hora caminando, hemos visitado toda la población de Sarria (muy bonita por cierto), Paco ha comprado una recarga para el móvil, ha estrenado el chubasquero (¿había comentado que estaba lloviendo?) y hemos recorrido la friolera de…nada, estamos en el mismo punto de partida que cuando dejamos la oficina del peregrino ¡premio al mongolito de oro! ¿Qué parte del Mago de Oz no entendió? Lo dice bien claro, “siga el camino de baldosas amarillas”, no “haga omiso de las indicaciones y vaya en dirección contraria al resto de los peregrinos”. En fin, mejor que yo me calle. Al fin y al cabo el de al lado mientras íbamos en dirección contraria era yo. Eso sí, le va tocar pagar esta cagada hasta que nos jubilemos y más allá, vaya que sí.
¿Y el resto del camino en este nuestro primer día de peregrinación? Bien, gracias. Si me pongo las gafas de sol, llueve. Si me las guardo, escampa. Si sale el sol, llevo puesto el chubasquero, y si guardo el impermeable…sí, lo habéis adivinado. Si guardo el impermeable caen chuzos de punta.
Estamos en pleno agosto, la última vez que miré el mapa esto era España, pero sin embargo hace un frío del carajo y ¿A que no lo adivináis? Por supuesto, no he traído de Barcelona ni jersey ni chaqueta. Total, que entre pitos y flautas estoy listo para irme a la cama a eso de las diez de la noche. Me duele la espalda de llevar la puñetera mochila. Me duelen los pies de caminar veintitantos kilómetros con la puñetera mochila y se me han distendido los abductores de subir rampas con la puñetera mochila a la espalda. Menos mal que Paco lleva Saldevas. Digo yo que si quitan los dolores a las mujeres con la regla, seguro que a nosotros nos lo curan todo. Esto no es el camino de Santiago, esto es “Jackass, O Camiño!”, una película en la que un grupo de jóvenes y no tan jóvenes deciden, por voluntad propia y sin que nadie ni nade les obligue, destrozarse el cuerpo y encima se ríen. Próximamente en sus pantallas.
Y para rematar la jornada el polideportivo en el que nos toca dormir, ¿Os había comentado que dormimos tirados en el suelo de la pista de deportes del pueblo de Porto Marín?, como decía, en el polideportivo no había agua caliente, todo lo más tibia, y nos ha tocado al lado de un grupo de cuarentones que se desfondan hinchando colchonetas de playa para dormir. Hincharlas, hincharlas, las hinchan más bien poco, eso sí se agarran unos colofones sin tener que levantarse…
Dicen por ahí que esto es el verdadero sentido cristiano del camino. No se yo que decir. Eso sí, lo curioso del caso es que hasta que mañana por la mañana me despierte con agujetas hasta en las pestañas, me lo estoy pasando como un enano.

EL CAMINO DE SANTIAGO – Viaje a Sarria-

Hora y media de tren borreguero, ya sólo me quedan doce hasta la estación de Sarria ¡yupii!. Si va a ser verdad que ya no tengo edad para estas cosas. Me da en la nariz que este viaje va ser muy pero que muy largo. En fin, dentro de nuestro maravilloso compartimiento de seis personas, a parte de mi compañero de fatigas hay 3 enfermeras de vacaciones y un tipo que está totalmente alienado escuchando música y leyendo a Bukowski ¿Habrá suerte y todo esto acabará en orgía ferroviaria? Pongamos velas a Santa Rita, patrona de los imposibles…
Dos horas después ya solo quedan 10 de borreguero y las velas a Santa Rita no han servido de nada, porque las enfermeras, aunque parezca imposible, no han decidido desnudarse y rendir sus encantos nada más verme. Nos hemos quedado a solas y no ha pasado nada. Por otra parte, como decía aquel, hay que tener mucho cuidado con lo que se desea, no vaya a ser que se te conceda; en el compartimiento de al lado viajan 5 o 6 cincuentonas sobreexcitadas que le meten mano al primer hombre que intenta pasar por su pedazo de pasillo. Recuerdan a una manada de hienas dispuestas a despedazar indefensos antílopes. Paco, mi compañero, y yo hemos decidido que por lo que pueda ser ya no volvemos al baño hasta que la manada no vuelva a su cubil a cuidar de las crías, no vaya a ser que las velas a Santa Rita hayan acabado en el altar de Azrael y acabemos en una orgía de la que no te puedes escapar y sobre la que es mejor correr un tupido velo.
Por otra parte creo que hoy dormiremos tranquilos. El aderezo de hierbas que le añaden al tabaco los gallegos que viajan al final del vagón no sé que tiene pero relaja de lo lindo y da mucha risa, mucha, mucha…¡Así que los muy puñeteros no querían mi tabaco negro cuando les he ofrecido!

Continuará…

9.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – La salida-

Lo primero que se hace cuando uno se pone en camino a hacer El Camino es la mochila. Bueno, en realidad, cuando uno tiene taytantos tacos y decide hacer algo así, mucho antes de la mochila viene el que algún colega, también de taytantos, tenga la feliz idea. Esto suele ocurrir cuando llevas varias horas de tapas, ya has consumido una más que considerable cantidad de cerveza, pero aún no has comenzado con los aguardientes de hierbas de rigor (es de todos conocida la tendencia a no recordar absolutamente nada de cualquier resolución tomada después del punto de los orujos). Entonces te jaleas, te das cuenta que es ahora o nunca, y entiendes claramente que como no te pongas en camino este mismo verano, lo mismo el siguiente tienes una esposa que no quiere ir, un trabajo en el que te dan dinero pero no vacaciones, o lo que es peor, una mierda de trabajo en el que no consigues ni lo uno ni lo otro. Lo segundo antes de la mochila es la tendencia de tus padres a comentarte que ya no tienes edad, pese a que los jubilados son ellos, el comentario mordaz de alguna ex-novia sobre que si ya no aguantas en la cama como antes que como vas a hacer varios kilómetros cargado y a patita, la mirada de regodeo de algún que otro amigo también bien entrado en la treintena que piensa claramente que si él no se ve capaz, a cuenta de qué lo vas a ser tú…Y por último, y también antes de llenar la mochila, está la cuestión de conseguir no tener que ir sólo. Que en estas cosas decididas al calor de las tapitas gallegas se apuntan mil y al final todo son excusas. Por fin, si superas todos los obstáculos precedentes, llega el momento de hacer una selección de lo absolutamente imprescindible para pasar una semana o 10 días en el camino y embutirlo todo dentro de la mochila, eso sí, dado que es nuevecita y recién comprada, hay que acordarse de quitar la etiqueta, no vaya a pensar la gente que es la primera vez que sales de excursión. Luego se levanta la susodicha mochila y ¡La madre que la parió! ¡Con este muerto a la espalda no llegas ni hasta la estación de Sants en Barcelona para coger el tren hacia Galicia! Vale, no hay que ponerse nervioso, es cuestión de vaciar la mitad, seguro que hay un montón de cosas que imprescindibles del todo no son. Vuelves a levantar la mochila y ¡Jodeeer! Levantarla la levantas, pero lo que es caminar…más bien a duras penas. No sé yo si con este monstruo a la espalda seré capaz de hacer más de 100km por el camino. De todas formas uno es de la generación de baby-boom, ha crecido con la tecnología y sabe que en el siglo XXI todo tiene solución. Me conecto a internet y ¡Bingo!. Ya está todo solucionado, me bajo la lista completa de teléfonos y delegaciones de UPS en Galicia. De una forma u otra, ella o yo volvemos facturados de vuelta a casa.

Continuará…

1.2.05

NOCHE

Ahora que la noche se calla, dejando que el sonido de su silencio se apague a la dictadura de una luz cada vez más rotunda, veo un reproche en tu cara. Una sonrisa forzada que me acusa del tiempo que pasa sin terminar de quedar vencido. Ese tiempo que es renuente a marcharse de manera definitiva, de morir en un momento y ser olvidado al siguiente. Muéstrale tus dientes a sus sombras y no a mí. Yo no soy sino un trabajo inacabado que aún no ha terminado de definir su propio sitio. Y yo no olvido. Tal vez sea en mi memoria en donde ese tiempo lleno de reminiscencias se nutre y regodea sin trabas. Así que ¿Por dónde escapar al cerco? Si lo sabes, muéstrame la respuesta. Si no, deja de perseguir dentro de mí el secreto. No está y de nada van a servir tus reproches.
Permite que la noche callada abandone tu rostro y que el ruido de la mañana como un nuevo comienzo termine de anidar detras de tu mirada.
Sea.