EL CENTRO DEL LABERINTO
Veo tu voz. Oigo tu mirada. Dibujas preguntas en el aire que mis pupilas no aciertan a contestar. Un brillo ahora ¿qué habrás dicho? Un sombra te nubla. No hay nada en el laberinto entre tu mirada y la mía que me ayude a encontrar el extremo del bramante. Sé que puedo matar al Minotauro y llegar al final del laberinto y entonces...¿Cómo salir de nuevo sin bramante que me guíe? No hay salida posible si no entro. Tampoco habrá problemas si no entro. Mentira, si no entro estaré fuera y seguiré viendo tu voz sin poder llegar al centro que la dibuja. El Laberinto.
¿Quién necesita quedarse fuera del Laberinto? Puedo entrar y hundirme, o volar. Puedo ser un fénix que llegue ardiendo hasta el centro para consumirme sin alcanzar el fin. No permaneceré entonces pero llegaré. O tal vez pueda ser Ícaro volando por encima de un laberinto que a vista de pájaro ya no lo es, y entenderé tus ojos para después caer y no poder levantarme. Es igual, quiero vivir en el centro de todo mientras muero contigo. Y es largo morir, toda una vida. Y es más corto a tu lado. No quiero agonizar una vida entera en una muerte lenta y confusa, prefiero una sucesión de pequeñas muertes brilantes y cegadoras en su ausencia de color. Los colores son sensaciones que se quedan en la boca y pervierten el sabor de lo que bien pudiera estar tras el millón de pequeñas tragedias que conducen has ta la entrada del entramado. No quiero ojos color avellana, quiero ojos que sueñen. No quiero cabello sedoso, quiero pelo que responda cuando el viento pregunte. Quiero transparencia que me deje ver. Quiero transparencia que no sazone lo que mi estómago debe recibir. No quiero soñar en color. Quiero soñar en un blanco y negro esclarecedor que me permita en su atonía a ver de verdad. Cuando el brillo del color desaparece, ya nada se refleja en la superficie del cristal y entonces puedo discriminar con claridad a través de él. No hay Laberinto. Sueño sin colores y entoncres la muerte deja de ser un largo proceso que empieza en el nacimiento para convertirse en algo que llega en medio de una vida. Una Vida, otro laberinto en el que se esquiva la muerte. No quiero bramante en este. Quiero que entres conmigo y me pierdas contigo. Sólo quiero oir tu voz, ver tus ojos, saborear tus palabras. Tocar tu centro. Sobrevivir al centro. Quedarme en el centro. Vivir en el Centro.
¿Quién necesita quedarse fuera del Laberinto? Puedo entrar y hundirme, o volar. Puedo ser un fénix que llegue ardiendo hasta el centro para consumirme sin alcanzar el fin. No permaneceré entonces pero llegaré. O tal vez pueda ser Ícaro volando por encima de un laberinto que a vista de pájaro ya no lo es, y entenderé tus ojos para después caer y no poder levantarme. Es igual, quiero vivir en el centro de todo mientras muero contigo. Y es largo morir, toda una vida. Y es más corto a tu lado. No quiero agonizar una vida entera en una muerte lenta y confusa, prefiero una sucesión de pequeñas muertes brilantes y cegadoras en su ausencia de color. Los colores son sensaciones que se quedan en la boca y pervierten el sabor de lo que bien pudiera estar tras el millón de pequeñas tragedias que conducen has ta la entrada del entramado. No quiero ojos color avellana, quiero ojos que sueñen. No quiero cabello sedoso, quiero pelo que responda cuando el viento pregunte. Quiero transparencia que me deje ver. Quiero transparencia que no sazone lo que mi estómago debe recibir. No quiero soñar en color. Quiero soñar en un blanco y negro esclarecedor que me permita en su atonía a ver de verdad. Cuando el brillo del color desaparece, ya nada se refleja en la superficie del cristal y entonces puedo discriminar con claridad a través de él. No hay Laberinto. Sueño sin colores y entoncres la muerte deja de ser un largo proceso que empieza en el nacimiento para convertirse en algo que llega en medio de una vida. Una Vida, otro laberinto en el que se esquiva la muerte. No quiero bramante en este. Quiero que entres conmigo y me pierdas contigo. Sólo quiero oir tu voz, ver tus ojos, saborear tus palabras. Tocar tu centro. Sobrevivir al centro. Quedarme en el centro. Vivir en el Centro.

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