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RAT

A veces tengo ganas de decir algo y otras veces de callarme. Y cuando ni hablo ni callo, me encuentro conmigo aquí.

Nombre:

18.2.05

EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 4, De Arzúa a Arca –

Pues ayer, cuando salimos por la mañana, llevábamos una mochila a la espalda y un par de pelotas por delante, pero entre la mochila rota de Paco a la salida de Melide y que a los dos se nos fueron cayendo las pelotas por el camino una detrás de otra en la sesión de la tarde, esta mañana hemos salido doblados ya antes de empezar a andar y con muy poquitas ganas de llegar a patita hasta Santiago. Menos mal que por el camino, unas señoras la mar de simpáticas originarias de Valverde del Camino, provincia de Huelva, le han cosido la mochila a Paco en un pis-pas, y hemos empezado a ver el día de otro color. De no ser por eso, yo creo que Paco lo deja hoy, y yo con él. Al final hemos llegado a Arca, a unos 15 kilómetros del Monte do Gozo, última parada desde la que se supone que ya se ve Santiago. Nos hemos refugiado literalmente en el Albergue de Peregrinos que inauguró Fraga en el año 93. Es como estar en un cuartel; mil millones de literas en un habitación y ya se verá esta noche cómo dormimos. Por ahora ya ha cumplido su misión, y nos pasamos toda la tarde durmiendo. Además no nos toca dormir en el suelo, aunque con la pinta que tienen estos colchones y el color de las sábanas, no sé si eso es mejor o peor.
Hoy no hemos visto al inglés, así que sea lo que sea a lo que se dedica, Paco no lo ha mochileado hasta el corazón de la city. A la que nos hemos encontrado hoy es a una francesa o belga que ha hecho toda la etapa más o menos a nuestro ritmo, y que se ha parado también en el albergue a pasar la noche. La chiquita va disfrazada de peregrino medieval de la cabeza a los pies: sombrero, cofia, vestido de saco, camisa de lino basto y una capa de fieltro con capucha y bolsillón a la espalda de color verde parduzco. Además carga con un zurrón de lo más étnico que va llenando de hierbas que recoge en los márgenes del camino. En estos momentos lleva ya un par de horas sentada a la puerta del albergue hilando lana virgen que se saca del morral con un huso manual de esos que a veces salen en los documentales de la 2. Una de dos, o es una fanática de las costumbres medievales, de esas que no se pierden ni una sola feria de artesanía, o el cura que la confiesa tiene muy mala leche a la hora de imponer penitencias.
Otro que nos hemos vuelto a encontrar es al universalmente conocido entre todos los peregrinos de nuestro turno como chino GTI 16 válvulas. En realidad es japonés, y como tal disciplinado que da miedo, con guía y cámara de fotos digital miniaturizada y última generación. Sale por la mañana temprano a toda leche, se para en todos y cada uno de los sitios que la guía indica que son puntos de interés aunque tenga que desviarse varios kilómetros de la ruta, hace la foto de rigor, y luego vuelve al camino. Por lo visto, lleva así desde Roncesvalles, y pese que hace el triple de kilómetros que nosotros cada día, no pierde comba. Anda el tío tan deprisa que adelanta hasta las bicis. Menudo paso gasta, si fuese él el que perseguía al correcaminos, lo adelantaría y después se quedaría a esperar en el siguiente cruce mientras hace fotos del paisaje.
Ahora vamos a ver si encontramos un restaurante que nos den de cenar y mañana a ver si llegamos a Santiago con tiempo para coger habitación en el Parador de la plaza del Obradoiro, que he oído comentar que no está nada mal para unos pobres peregrinos cansados de tan larga ruta.

Continuará…