EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 3, Palas de Rey a Melide a Arzua
Después de una noche de sueño reparador y una ducha de las que quitan todos los males, con agua caliente y todo, hemos salido al camino con ánimo festivo, adelantando a los demás caminantes como si estuviesen parados. Nos hemos vuelto a cruzar con el inglés. ¿Cómo?¿Qué no os he hablado del inglés? Pues el inglés es un hombre de edad indefinida entre los cuarten y cincuenta años, vestido con pantalones bombachos (raya planchada incluida), cazadora a juego, camisa blanca, boina negra, zapatos de golf y calcetines hasta la rodilla. Vamos, igualito que un madelmán pero en tamaño natural. En fin, la cuestión es que el susodicho hijo de la Gran Bretaña aparece todos los días andando en dirección contraria desmoralizando al personal. Pese a que Paco y él tienen tendencia a interpretar las flechas amarillas de la misma forma, me dice que si mañana se lo vuelve a encontrar en dirección contraria lo manda de vuelta al Big Ben de un mochilazo.
Al medio día, se nota que ya somos caminantes experimentados y estamos en Melide sentados en una mesa de Casa Ezequiel, poniéndonos hasta arriba de pulpo y ribeiro fresco. No acabo de entender yo eso de que la peregrinación por el camino es una penitencia ¡Así da gusto pecar!
Poco antes de llegar a Melide, Paco ha estado a punto de ser abducido por extraterrestres de “la Obra”. Un niño muy salado le ha invitado a visitar el museo de “El Camino”, pero no el de Santiago sino el de San Escribá. Mira que le he avisado veces, que yo ahí no entro, que esos sitios son peligrosos, que entras a ver un museo y acabas de numerario…Y él erre que erre, que tenemos tiempo, que mira que soy aburrido, que…hasta que ha visto la foto del susodicho en la puerta y ha dado media vuelta como alma que lleva el diablo ¡Menudo susto el pobre! Menos mal que con el pulpo y el vino ya va regresándole el color a la cara. Es que estas cosas las carga el diablo. Yo tengo un amigo que una vez se fue a ver una obra de teatro y acabó haciendo votos de castidad, pobreza y obediencia.
Después de Casa Ezequiel nos vamos a otro bar a tomar unas cervezas mientras esperamos a nuestro amigo José, que es el dueño del bar de tapas al que solemos ir en Barcelona. Por fin llega, nos invita a un par de cervecitas más… ¡Y se va! Nosotros que habíamos quedado con él hacia la una del medio día convencidos de que nos llevaba a comer a alguna parte, y va y nos deja tirados. Ahora a hacer 19 kilómetros más con un litro de cerveza en la tripa. Casi no llegamos. Hemos acabado totalmente derrengados y Paco, al que se le ha roto la mochila a la salida de Melide casi se nos muere. Lo que es la vida, nosotros que le hemos pagado a José el colegio privado de los niños a base de tapas…pues después de ésta, que la universidad se la pague otro.
Continuará…
Al medio día, se nota que ya somos caminantes experimentados y estamos en Melide sentados en una mesa de Casa Ezequiel, poniéndonos hasta arriba de pulpo y ribeiro fresco. No acabo de entender yo eso de que la peregrinación por el camino es una penitencia ¡Así da gusto pecar!
Poco antes de llegar a Melide, Paco ha estado a punto de ser abducido por extraterrestres de “la Obra”. Un niño muy salado le ha invitado a visitar el museo de “El Camino”, pero no el de Santiago sino el de San Escribá. Mira que le he avisado veces, que yo ahí no entro, que esos sitios son peligrosos, que entras a ver un museo y acabas de numerario…Y él erre que erre, que tenemos tiempo, que mira que soy aburrido, que…hasta que ha visto la foto del susodicho en la puerta y ha dado media vuelta como alma que lleva el diablo ¡Menudo susto el pobre! Menos mal que con el pulpo y el vino ya va regresándole el color a la cara. Es que estas cosas las carga el diablo. Yo tengo un amigo que una vez se fue a ver una obra de teatro y acabó haciendo votos de castidad, pobreza y obediencia.
Después de Casa Ezequiel nos vamos a otro bar a tomar unas cervezas mientras esperamos a nuestro amigo José, que es el dueño del bar de tapas al que solemos ir en Barcelona. Por fin llega, nos invita a un par de cervecitas más… ¡Y se va! Nosotros que habíamos quedado con él hacia la una del medio día convencidos de que nos llevaba a comer a alguna parte, y va y nos deja tirados. Ahora a hacer 19 kilómetros más con un litro de cerveza en la tripa. Casi no llegamos. Hemos acabado totalmente derrengados y Paco, al que se le ha roto la mochila a la salida de Melide casi se nos muere. Lo que es la vida, nosotros que le hemos pagado a José el colegio privado de los niños a base de tapas…pues después de ésta, que la universidad se la pague otro.
Continuará…

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