EL CAMINO DE SANTIAGO – Día 5, De Arca a Monte do Gozo –
Bueno, ya casi estamos al final de nuestro particular camino, nos deben quedar unos dos kilómetros para llegar a la cima del Monte do Gozo. Estoy sentado al borde del camino en una pequeña extensión de césped, y al fondo ya se ve el Monumento al Peregrino. Espero a mi compañero Paco, que hoy viene bastante jodido. Me da la impresión de que al final las botas le han hecho daño en los pies, y eso sí que es un problema. Hablando de cosas jodidas, si llego a saber lo que se me venía encima ayer noche, me voy a dormir al pabellón deportivo, o incluso al medio del monte bajo la lluvia. Seguro que hubiera estado mejor que en la cochiquera esa que llaman albergue. Había casi más cucarachas que peregrinos, y yo diría que esas no estaban de peregrinación sino que eran población local. Mención a parte merece el tema de tener que usar las mismas sábanas del peregrino precedente o el recurrente aroma a orines de los baños que se notaba en toda la instalación. En fin, una experiencia pese a todo, pero de las que prefiero no repetir. ¿Será que me estoy haciendo mayor a mis taytantos años y ya no tengo la flexibilidad de antaño? Seguramente algo de eso hay, pero también es cierto que no parece necesario que las instalaciones fueran más propias del siglo XIX que del siglo XXI. Simplemente con añadir una cafetería, se mantendría íntegro el espíritu de estos albergues y se generaría un flujo de ingresos suficiente para mejorar los servicios.
Paco, entretanto ha llegado a mi altura y ha decidido no pararse, no vaya a ser que le alcance la mujer coja del primer día, que sigue cojeando camino de Santiago y al mismo ritmo que nosotros, jóvenes, sanos y supuestamente vitales. Entiendo que si nos adelanta, se nos acabará la poca moral que nos queda, nos sentaremos y pediremos un taxi por el móvil para que nos depositen directamente delante de un chuletón. Y no seré yo el que diga que no a la idea. Así que mejor me levanto y sigo camino que ya queda poco.
Y seguimos subiendo, y subiendo… y es que yo no entiendo a que viene el nombre de Monte do Gozo, aquí no se goza nada. Todo lo más te vas dejando la pierna por el camino en una eterna rampa de poca intensidad que sigue, y sigue…y por fin ya llegamos. Pero esta llegada parece sacada de la enciclopedia de frases hechas, justo donde está la definición de “cuento de nunca acabar”. Primero llegamos a la cumbre y desde el monumento que le dedicaron a Woijtila no se ve ni la ciudad, ni la catedral ni nada. Después se llega al complejo turístico que se ha montado aquí Don Manuel, casi nada: 3000 camas, supermercados, discoteca, restaurantes… seguro que aquí, como es de pago no hay que negociar que parte de la cama te quedas tú y que parte se quedan los bichos. Como son las 12 decidimos que nos da tiempo de llegar hasta la catedral, que total debe estar al lado. Pues no, nos tiramos más de dos horas y media de caminata, y es que esto de las distancias urbanas como que se aprecia diferente cuando llevas andando desde las 7 de la mañana y cargas con veinte kilos a la espalda. Atravesamos todo Santiago de punta a punta y por fin nos plantamos en la puerta de la catedral. Muy bonita, muy grande, muy todo… pero creo que no estamos en el estado de ánimo adecuado para apreciar su esplendor como se merece así que mejor nos vamos a que nos den el titulín. Seguro que lo habéis adivinado, más de una hora de cola para llegar al despacho de la diócesis y que nos cambien la cartilla con los sellos de control que hemos acumulado durante el camino por una bula como la copa de un pino. Por lo menos parece que el haber acabado la peregrinación con un par nos ha puesto a Dios un poco de nuestra parte. Justo delante de la cola, al pie de la plaza de la catedral veo un hotel con pinta de estar recién remodelado y ¡milagro! No sólo es efectivamente nuevo y moderno sino que además en pleno año Xacobeo tiene una habitación para nosotros. Así que una vez empapelados, nos vamos a nuestra habitación, nos damos una larguísima ducha y nos ponemos a dormir una buena siesta.
Hacia las seis menos cuarto nos despiertan las campanas de la catedral, que llama a la gente a la misa de peregrinos y decidimos que ya que estamos despiertos podemos ir a disfrutar de las evoluciones del botafumeiro. Evidentemente no olemos como debieron oler los peregrinos de antaño, y no necesitamos que nos perfumen, sin embargo sigue siendo una maravilla del arte sacro y la ingeniería ese pedazo de incensario. Por fin, hacia las siete y media hemos acabado con todas nuestras obligaciones, así que ya podemos comenzar con la segunda parte de nuestro viaje, pero no por eso menos importante: botellita de vino recién salida de la nevera y tapas, muchas tapas. Después de hacernos amigos del dueño del bar y de que nos haya recomendado un buen restaurante y no haya invitado a unos orujos de la tierra ya estamos listos para el chuletón, del que damos buena cuenta y que nos deja listos para irnos a dormir.
Paco, entretanto ha llegado a mi altura y ha decidido no pararse, no vaya a ser que le alcance la mujer coja del primer día, que sigue cojeando camino de Santiago y al mismo ritmo que nosotros, jóvenes, sanos y supuestamente vitales. Entiendo que si nos adelanta, se nos acabará la poca moral que nos queda, nos sentaremos y pediremos un taxi por el móvil para que nos depositen directamente delante de un chuletón. Y no seré yo el que diga que no a la idea. Así que mejor me levanto y sigo camino que ya queda poco.
Y seguimos subiendo, y subiendo… y es que yo no entiendo a que viene el nombre de Monte do Gozo, aquí no se goza nada. Todo lo más te vas dejando la pierna por el camino en una eterna rampa de poca intensidad que sigue, y sigue…y por fin ya llegamos. Pero esta llegada parece sacada de la enciclopedia de frases hechas, justo donde está la definición de “cuento de nunca acabar”. Primero llegamos a la cumbre y desde el monumento que le dedicaron a Woijtila no se ve ni la ciudad, ni la catedral ni nada. Después se llega al complejo turístico que se ha montado aquí Don Manuel, casi nada: 3000 camas, supermercados, discoteca, restaurantes… seguro que aquí, como es de pago no hay que negociar que parte de la cama te quedas tú y que parte se quedan los bichos. Como son las 12 decidimos que nos da tiempo de llegar hasta la catedral, que total debe estar al lado. Pues no, nos tiramos más de dos horas y media de caminata, y es que esto de las distancias urbanas como que se aprecia diferente cuando llevas andando desde las 7 de la mañana y cargas con veinte kilos a la espalda. Atravesamos todo Santiago de punta a punta y por fin nos plantamos en la puerta de la catedral. Muy bonita, muy grande, muy todo… pero creo que no estamos en el estado de ánimo adecuado para apreciar su esplendor como se merece así que mejor nos vamos a que nos den el titulín. Seguro que lo habéis adivinado, más de una hora de cola para llegar al despacho de la diócesis y que nos cambien la cartilla con los sellos de control que hemos acumulado durante el camino por una bula como la copa de un pino. Por lo menos parece que el haber acabado la peregrinación con un par nos ha puesto a Dios un poco de nuestra parte. Justo delante de la cola, al pie de la plaza de la catedral veo un hotel con pinta de estar recién remodelado y ¡milagro! No sólo es efectivamente nuevo y moderno sino que además en pleno año Xacobeo tiene una habitación para nosotros. Así que una vez empapelados, nos vamos a nuestra habitación, nos damos una larguísima ducha y nos ponemos a dormir una buena siesta.
Hacia las seis menos cuarto nos despiertan las campanas de la catedral, que llama a la gente a la misa de peregrinos y decidimos que ya que estamos despiertos podemos ir a disfrutar de las evoluciones del botafumeiro. Evidentemente no olemos como debieron oler los peregrinos de antaño, y no necesitamos que nos perfumen, sin embargo sigue siendo una maravilla del arte sacro y la ingeniería ese pedazo de incensario. Por fin, hacia las siete y media hemos acabado con todas nuestras obligaciones, así que ya podemos comenzar con la segunda parte de nuestro viaje, pero no por eso menos importante: botellita de vino recién salida de la nevera y tapas, muchas tapas. Después de hacernos amigos del dueño del bar y de que nos haya recomendado un buen restaurante y no haya invitado a unos orujos de la tierra ya estamos listos para el chuletón, del que damos buena cuenta y que nos deja listos para irnos a dormir.

2 Comments:
Simplemente una prueba para comprobar que he habilitado la función de comentarios. Acabo de descubrir que estaba desconectada
Si us pensaveu cascar uns xuletons tot fent l'enza per Galicia podrieu haver avisat, caram!!, que això de fer exercicis maxilar-digestius també fa per un de Vilatranche du Penedroit.
Teniu fotos?
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