SPAM
El otro día entré en una página de las muchas que me llegan diariamente a mi cuenta de correo sin haber sido solicitada. La página en cuestión aseguraba en tipografías bien grandes que si me apuntaba, me iba a enamorar. ¡Que bien!, pensé, ahora que he conseguido correr más que el amor, llegan estos y me lo regalan…menos mal que no es más que propaganda….¿O tal vez no? La cuestión es que cada día me llegan una decena larga de correos electrónicos de no se sabe donde y que si tuviera que describirme por mi correo no sería demasiado halagüeño. Por una parte estaríamos hablando de una persona con profundos problemas económicos y que busca desesperadamente alguna entidad financiera alternativa a los bancos que le refinancie una deuda de 402.000$. Nunca he tenido esa cantidad, y desde luego nunca la he debido, pero por alguna razón es lo que me ofrecen una y otra vez. Por otra parte, y pese a mis evidentes problemas financieros, tengo bastante dinero para intentar pillar un pelotazo a la bolsa gracias a la información privilegiada que me llega cada mañana sobre stock-options y acciones a punto de despegar. Y mientras una parte importante de mi vida pensando en el dinero, debe ser que el stress me afecta porque tengo necesidad de comprar por internet pastillas para conseguir una erección decente. Y a tenor de la cantidad de anuncios que me llegan debo de ser un cliente VIP. Sin embargo parece que esas erecciones químicas no me satisfacen excesivamente ya que debo hacerme un implante para aumentar el tamaño de mi pene. Y para qué, me pregunto, necesito un gran pene con una erección de hierro si no tengo mujer con la que compartirla. Porque digo yo que si estoy dudando entre mujeres casadas insatisfechas buscando un hombre que las llene por completo y una página en la que me voy a enamorar... Y todo ello, esos sí, con la mayor deferencia a mi intimidad gracias a la Agencia de Protección de Datos, no te digo. Menos mal que no se dice por ahí eso de “Dime que spam te llegan y te diré quien eres”. ¿O sí?
