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RAT

A veces tengo ganas de decir algo y otras veces de callarme. Y cuando ni hablo ni callo, me encuentro conmigo aquí.

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22.4.05

UN PASEO EN MI MEMORIA

Me gusta pasear por las calles de mi barrio en las tardes soleadas de primavera. Están llenas de gente que camina, que juega, que dialoga, que mira y busca ser vista. En definitiva, están llenas de vida. Suelo andar pausadamente mirando a la cara de las personas con las que me voy cruzando, intentando vislumbrar en ese contacto casual y fugaz lo que piensan, cómo son, si están contentos o tristes y que razón puede haber detrás de esa expresión. Alguna vez, al rato de que se hayan cruzado nuestros pasos me pregunto ¿quién era esa persona cargada de arrugas que me ha saludado levemente al pasar? Creo haber notado que sus ojos se han vuelto hacia su propio pasado cuando me han visto. Pienso si recuerdo esa mirada de otros tiempos, más brillante, tal vez más enérgica. Y en ocasiones, como hoy, vislumbro una imagen lejana de alguien que habla. Alguien que cuenta siempre los mismos chistes sobre comunistas, republicanos y la peseta. Alguien que llena pizarras con un cierto cansancio nacido de la repetición, muchas veces estéril, del las mismas cosas, las mismas ideas.
Y entonces me acuerdo y siento que aún puedo notar en la nariz el olor de borradores y pizarras húmedas. El murmullo insistente de decenas de susurros contenidos. El repentino e insoportable rechinar de las tizas sobre las superficies enceradas. Recuerdo perfectamente la temperatura y el olor a humanidad hacinada que había en aquellos espacios cerrados ocupados por más de 100 personas.
¿Cuanto tiempo habrá pasado ya? ¿Cuántos de nosotros habrán pasado por sus manos año tras año? ¿Seguirá intentando dibujar ideas en la mente de la misma manera que dibujaba ecuaciones en la pizarra? Me paro un momento a pensarlo y me descubro anonadado al imaginar la longitud de una hipotética cola en la que nos situáramos ordenadamente todos y cada uno de nosotros, aquellos que de alguna manera hemos quedado marcados por ese viejo maestro. Cientos de personas que han sido un poco mejores o un poco peores por haber estado bajo esa mirada cansada con la que hoy me he cruzado.
Me siento y sigo pensando en ello, saboreándolo ¿Cómo lo habrá conseguido? Cientos de ojos. Un día y luego otro, y después uno más. Ojos hambrientos de conocimientos, ansiosos de exprimirle con glotonería. Ojos indolentes, aburridos y pese a todo, presentes. Ojos adormecidos y apagados, totalmente incapaces de encontrar esa puntita de entusiasmo imprescindible para poder hacer cualquier cosa. Cómo se supera esa barrera todos los días y se guarda para uno mismo la suficiente energía para vivir el resto de cada jornada. Me lo imagino dejando las aulas con la mente ya puesta en alguna pasión más o menos oculta. Alguna tarea tranquila y absorbente que le permita crearse esa laguna tranquila donde uno puede refrescar su alma del cansancio, la frustración o el desánimo. Tal vez explore viejos legajos polvorientos buscando mundos perdidos. O siga con meticulosa precisión la etimología de una palabra casi desaparecida. No lo sé, pero si sé que me gustaría haber correspondido el saludo para poder desentrañar ese otro mundo que nunca llegué a conocer de aquel viejo profesor mío. Y aprovechar que los años nos hayan acercado para poder aproximarme a su vez a él y haberle hecho todas las preguntas en las que ahora pienso y muchas más.
No importa, mañana seguro que saldrá el sol primavera y volverá a encontrarme paseando por mi barrio. Y si la fortuna me es propicia volveré a encontrarme con él y podremos recordar el tiempo aquel en el que él me enseñaba y yo aprendía. Y. curiosamente, podré hacerle preguntas y, después de todo, él seguirá enseñándome y yo, aprendiendo.

20.4.05

VAYA PAR DE…

Me despierto y en seguida me doy cuenta de que no estoy solo en la cama. Vayamos por partes, seamos lógicos. Apliquemos sistemas deductivos a nuestra situación. Primero de todo: ¿Quién está en mi cama?¿Es alguien conocido? Veamos…¡¡Joder!! ¡¡Qué pedazo de tet…!! No, definitivamente no es alguien que yo conozca. Yo nunca olvido…una cara. Segundo: ¿Es esta mi cama? Umm, mullida, más de dos metros de ancho, sábanas de algún tejido así como resbaladizo…¡Ahí van…! Toda la sábana al suelo ¡Pero que pedazo de tet…! No, definitivamente tampoco es mi cama. Es más, el ambiente huele como a limpio y nuevo y no alcanzo a ver la pared del fondo, así que tampoco debe de ser mi habitación, ya que estamos. Perspicaz y brillante que es uno.
Tercero ¿Dónde demonios me acosté yo anoche para haber aparecido aquí? Recapitulemos; cené pizza fría del día anterior, abrí los libros, los volví a cerrar, me puse a ver el Buenafuente, me bebí…un vaso de agua, la leche lleva caducada desde que se casaron los príncipes, de España, y la botella de güisqui tuvo algo dentro por última vez allá por las Olimpiadas, de Barcelona. Y luego me acosté. En mi cama. En mi casa. Y definitivamente estaba solo (¡joder que tet…!) En fin, que la deducción no me había servido de mucho y algo había que hacer. Así que me levanté con mucho cuidado para no despertarla(¡joder que…!) y me fui al baño. Sí, claro, ya sé que en las películas no hacen eso nada más levantarse, pero yo si no voy al baño, pues como que no soy persona. No creo que haga falta decir que aquella especie de piscina municipal reluciente con jacuzzi incorporado no tenía demasiado que ver con lo que hay en mi casa. Mejor no entro en detalles de cómo es el de mi leonera que aún no he desayunado.
Volví a la habitación de la cama, miré al monumento que aún dormía y…¡pero vaya par de dom…! ¡pero que todo lo demás! ¿No se resfriaría la pobrecita?. Había que actuar con decisión, tomar el toro por los cuernos y la chica por las…¡Uy! ¡Que me despisto! ¿Por donde iba? ¡Ah, sí! Determinación ante todo.
Así que me metí otra vez en la cama y decidí que no eran aún horas de levantarse. Vamos hombre, en una suite de hotel, con una tía buena en la cama y sábanas de raso me iba despertar yo del sueño ahora…
Porfa, mami, 5 minutos más…

3.4.05

GORDO Y ORGULLOSO

Querida Xabiera,

El motivo de mi carta es poner en tu conocimiento un problema que me persigue desde hace mucho tiempo a ver si tú, con tu amplia experiencia, pudieras darme un buen consejo. La cuestión, Xabiera, es que estoy gordo. Y no solo eso, sino que además creo que no tengo cura posible porque me siento muy a gusto tal como estoy. No siento ni la más ligera necesidad de ningún tipo de terapia correctiva que me “ayude” a superar mi “terrible defecto”.
Mi gordura no es producto de un afán enfermizo por la comida o de ningún tipo de desarreglo metabólico. Simplemente soy un sano aficionado a la buena comida, el buen tapeo y a beber lo justo y necesario para no atragantarse. Por otra parte, la imagen de mi mismo sudando a mares mientras el alma intenta escapárseme por la boca tampoco es santo de mi devoción. Así que cada mañana al despertarme, compruebo que mi poderosa musculatura sigue en su sitio. Bueno, lo intuyo ya que las capas de grasa protectora sobre dicha musculatura no me dejan verlo. Y me siento mejor que bien al recordar de donde han venido todos y cada uno de esos kilos que me cuelgan; de vivir la vida como me da la real gana y no encontrar ninguna razón de peso para plegarme a la disciplina que exigen los cánones de belleza actuales.
Así que dime Xabiera, ¿Qué me recomiendas?

Gordo y Orgulloso

Querido Gordo y Orgulloso,
Creo que estas muy equivocado. ¿Cómo puede ser que no sientas compulsión a dedicar largas horas a deportes extenuantes hasta acabar en perfecta forma física y estética? Estar en el censo de los delgados no solo es de agradecer por la gente absolutamente estética que, como yo misma, tenemos que tropezar con la visión de tu cuerpo cuando paseamos por la calle, sino que es algo que igualmente tú agradecerás. Te mirarás al espejo y verás por fin sobresalir tu nariz, afilada como debe ser, marcando con estilo y donaire el trazado de tu camino por delante de ti. Descubrirás con placer la ligereza de 60 kilos en cualquier situación, pudiendo saltar de lado a lado de la disco sin tener que aprender a bailar. Simplemente con el roce de cualquier persona más compacta presente en la pista. Conseguirás esa mirada trágica y esas ojeras de decaimiento que te permitirán gastarte una pasta en contorno de ojos y convertirte en el hombre metrosexual que siempre has merecido ser. Y, por fin, podrás acceder a mujeres como nosotras, super delgadisísimas y mega estéticas que hasta ahora no han estado nunca a tu alcance al cruzarte con ellas en la calle.

Xabiera
Querida Xabiera,
He leído con suma atención tu amable carta y te agradezco mucho tus consejos. Ha sido como una iluminación. Después de profundas reflexiones he decidido dejar que mi naturaleza festiva tome el mando de mi metabolismo y he seguido engordando algún kilo más. Con no pocos gastos y esfuerzos, he conseguido alcanzar un sobrepeso que se mantiene sobre mis huesos sin ningún tipo de esfuerzo por mi parte. Me levanto por las mañanas y veo en el espejo una cara sonrosada, redonda y pletórica de salud y energía. Salgo a la calle y mi poderosa zancada desplaza a cualquiera que sea lo suficiente inocente como para cruzarse en mi camino. Noto que la sonrisa me viene fácil y es más que evidente que hay gente que me mira con odio por la calle por eso. No le dan a sus cuerpos lo que sus cuerpos les piden y están perennemente irritados. Y el hecho de que yo parezca no tener remordimientos les saca de quicio. Tengo claro que me merezco dulces y fritangas. Quiero que mi vida siga llena de tapas y cervezas. Quiero opíparas comidas y siestas confortables en mi sillón preferido siempre que me venga e gana.
¡Gordos, rechonchos, rellenitos, personas de buen año, redonditos y demás! ¡Oídme! Sed capaces de mimar vuestros michelines y de mirar vuestra imagen en el espejo pensando ¡Al cuerno con los que no les gusto porque la tele les ha dicho que no soy atractivo! ¿No ven lo bueno que estoy? ¿No se dan cuenta aún de lo agradable que es tener por donde coger?

Gordo y Orgulloso