GENTE
Gente que entra, gente que sale, gente que habla y respira pero que ya no existe para mí. Porque he salido de este mundo y he perdido el ancla que me ataba a la realidad de un monólogo constante. Ya no me percato de ellos, ni me importa lo que puedan decir de mí. Soy lo que soy y me aparto de mi yo más íntimo, mirando desde arriba como un asceta en trance, instalándome en una superioridad fingida que ni siquiera siento.
Ahora sólo quedan los vapores del alcohol, la niebla de la nicotina y el cadencioso movimiento de unas sugerentes caderas que nunca sabré de donde han venido ni hacia donde desaparecerán.
Oigo mi voz como en un lejano susurro, e intuyo que a mi alrededor los supuestos susurros se oyen como graznidos subidos de tono. Pero no pienso callarme por eso. Ni sé lo que estoy diciendo, ni me acordaré mañana de ello, así que no tiene la más mínima importancia para mí.
No necesito escapar de mí mismo, en realidad mi propio yo es suficientemente entretenido, pero me gusta. Disfruto rabiosamente de esos instantes en los que el mundo desaparece bajo mi propio peso y me siento rey lagarto. Hasta me parece que parto y reparto.
Una transición se insinua a mi alrededor aunque no llego a percatarme del todo de cuál es la causa que la cimenta. Tal vez tenga razón Jim y la vida no consista en sentirse vivo constantemente, sinó en estar cada día un poco más muerto. Tal vez me sienta más vivo si dedico mi vida a morir. Pero entonces ¿vale la pena seguir vivo? ¿Deseo una muerte lenta y que dure años? Creo que con un ligero toque de desprecio hacia mis propias elucubraciones, postergaré esa decisión hasta que la Parca me lo pregunte personalmente. Y entonces me reiré.
Los niños malos se lo pasan mejor que los niños buenos y por eso quiero ser peor. Seguiré siendo niño, seguiré siendo malo y ella seguirá siendo mía por los siglos de los siglos. Y entonces se acordará del principio y no llegará a creerse como pudo...
Pero reconozco mi derrtoa frente al tiempo. Sé que todo tiene un principio y un fin. Así que algún día dejaré de ser niño, algún día dejaré de ser malo y, cuanto más tiempo siga con ella, más lejos estará el principio y mucho más cerca el final.
No quiero cerrar círculos nunca más, son perfectamente iguales en todos sus puntos. Atontan la mente con su engañosa y rutinaria regularidad. Quiero rectas quebradas que suban y bajen y no me dejen aburrirme. Porque si me aburro en este mundo tendré que volver a suicidarme un poco más y dejar que la gente entre y salga. Que hablen y respiren y dejen otra vez de existir para mí.
Ahora sólo quedan los vapores del alcohol, la niebla de la nicotina y el cadencioso movimiento de unas sugerentes caderas que nunca sabré de donde han venido ni hacia donde desaparecerán.
Oigo mi voz como en un lejano susurro, e intuyo que a mi alrededor los supuestos susurros se oyen como graznidos subidos de tono. Pero no pienso callarme por eso. Ni sé lo que estoy diciendo, ni me acordaré mañana de ello, así que no tiene la más mínima importancia para mí.
No necesito escapar de mí mismo, en realidad mi propio yo es suficientemente entretenido, pero me gusta. Disfruto rabiosamente de esos instantes en los que el mundo desaparece bajo mi propio peso y me siento rey lagarto. Hasta me parece que parto y reparto.
Una transición se insinua a mi alrededor aunque no llego a percatarme del todo de cuál es la causa que la cimenta. Tal vez tenga razón Jim y la vida no consista en sentirse vivo constantemente, sinó en estar cada día un poco más muerto. Tal vez me sienta más vivo si dedico mi vida a morir. Pero entonces ¿vale la pena seguir vivo? ¿Deseo una muerte lenta y que dure años? Creo que con un ligero toque de desprecio hacia mis propias elucubraciones, postergaré esa decisión hasta que la Parca me lo pregunte personalmente. Y entonces me reiré.
Los niños malos se lo pasan mejor que los niños buenos y por eso quiero ser peor. Seguiré siendo niño, seguiré siendo malo y ella seguirá siendo mía por los siglos de los siglos. Y entonces se acordará del principio y no llegará a creerse como pudo...
Pero reconozco mi derrtoa frente al tiempo. Sé que todo tiene un principio y un fin. Así que algún día dejaré de ser niño, algún día dejaré de ser malo y, cuanto más tiempo siga con ella, más lejos estará el principio y mucho más cerca el final.
No quiero cerrar círculos nunca más, son perfectamente iguales en todos sus puntos. Atontan la mente con su engañosa y rutinaria regularidad. Quiero rectas quebradas que suban y bajen y no me dejen aburrirme. Porque si me aburro en este mundo tendré que volver a suicidarme un poco más y dejar que la gente entre y salga. Que hablen y respiren y dejen otra vez de existir para mí.

3 Comments:
Eso es lo que me dicen amigos mios, que es mejor esas lineas quebradas que suben y bajan y que no dejan que me aburra.....pero no se, a veces uno quiere dejar de ser malo, aunque sea por unos segundos ;-)
No sé si tu escrito procede de un pesimismo recalcitrante o de un optimismo razonable. Creo que puede leerse en las dos direcciones.
Va caram, continua escribint que ja fa dies que no ho fas!!!!
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