Es mucho más fuerte que yo...
Él es mucho más fuerte que yo. En serio. Yo le conocí hace ya una pila de años. O más bien él me conoció a mí. En aquella época yo era duro, me sentía diferente y si quería hacerme oír levantaba la voz. Y se me escuchaba. Y si alguien decidía hacerse el sordo, entonces era mi pluma la que gritaba negro sobre blanco. Y me escucharon. Y él decidió que daba igual lo que gritase, lo importante era que estuviese dispuesto a gritar. Y me buscó.
El tiempo pulió algunas aristas y creó algunas nuevas. Y la tinta se fue secando. Y aún así, aquel que quiso conocerme por gritar ideas poniéndolas negro sobre blanco siguió estando en el mismo sitio en el que le conocí; justo un paso por delante, justo un paso por detrás, pero mayormente caminando a mi lado.
Y yo estuve allí cuando ella no le quiso, y también cuando finalmente decidió que sí le quería. Y cuando le hicieron saber que el reloj ya marcaba las horas, le acompañé a pagar la piedra que marcase el hito de un nuevo comienzo.
Y cuando la alegría se convirtió en tristeza. Y cuando la tristeza volvió a ser alegría una y otra vez, allá podías encontrarme. Como siempre, justo un paso atrás, justo un paso por delante y mayormente acompasados uno al lado del otro.
Y supongo que los hay que son forja catalana, y que para hacerse más duros, más resilientes y más dúctiles, tienen que recibir un duro castigo. Y lo reciben. Y de ese castigo los hay que se levantan una y otra vez. Y los hay que quedaríamos tendidos en el suelo sin fuerzas para volver a empezar, esperando a que algún alma caritativa arrojase la toalla por nosotros. Y porque es más fuerte sé que volverá a levantarse. Y porque es más fuerte, se doblará, pero no se quebrará. Y porque es más fuerte, si necesita aire, yo le regalaré el mío para que siga estando ahí, justo un paso por delante, justo un paso por detrás y, mayormente, caminando a mi lado.
El tiempo pulió algunas aristas y creó algunas nuevas. Y la tinta se fue secando. Y aún así, aquel que quiso conocerme por gritar ideas poniéndolas negro sobre blanco siguió estando en el mismo sitio en el que le conocí; justo un paso por delante, justo un paso por detrás, pero mayormente caminando a mi lado.
Y yo estuve allí cuando ella no le quiso, y también cuando finalmente decidió que sí le quería. Y cuando le hicieron saber que el reloj ya marcaba las horas, le acompañé a pagar la piedra que marcase el hito de un nuevo comienzo.
Y cuando la alegría se convirtió en tristeza. Y cuando la tristeza volvió a ser alegría una y otra vez, allá podías encontrarme. Como siempre, justo un paso atrás, justo un paso por delante y mayormente acompasados uno al lado del otro.
Y supongo que los hay que son forja catalana, y que para hacerse más duros, más resilientes y más dúctiles, tienen que recibir un duro castigo. Y lo reciben. Y de ese castigo los hay que se levantan una y otra vez. Y los hay que quedaríamos tendidos en el suelo sin fuerzas para volver a empezar, esperando a que algún alma caritativa arrojase la toalla por nosotros. Y porque es más fuerte sé que volverá a levantarse. Y porque es más fuerte, se doblará, pero no se quebrará. Y porque es más fuerte, si necesita aire, yo le regalaré el mío para que siga estando ahí, justo un paso por delante, justo un paso por detrás y, mayormente, caminando a mi lado.

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