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RAT

A veces tengo ganas de decir algo y otras veces de callarme. Y cuando ni hablo ni callo, me encuentro conmigo aquí.

Nombre:

17.2.13

Es mucho más fuerte que yo...

Él es mucho más fuerte que yo. En serio. Yo le conocí hace ya una pila de años. O más bien él me conoció a mí. En aquella época yo era duro, me sentía diferente y si quería hacerme oír levantaba la voz. Y se me escuchaba. Y si alguien decidía hacerse el sordo, entonces era mi pluma la que gritaba negro sobre blanco. Y me escucharon. Y él decidió que daba igual lo que gritase, lo importante era que estuviese dispuesto a gritar. Y me buscó.
El tiempo pulió algunas aristas y creó algunas nuevas. Y la tinta se fue secando. Y aún así, aquel que quiso conocerme por gritar ideas poniéndolas negro sobre blanco siguió estando en el mismo sitio en el que le conocí; justo un paso por delante, justo un paso por detrás, pero mayormente caminando a mi lado.
Y yo estuve allí cuando ella no le quiso, y también cuando finalmente decidió que sí le quería. Y cuando le hicieron saber que el reloj ya marcaba las horas, le acompañé a pagar la piedra que marcase el hito de un nuevo comienzo.
Y cuando la alegría se convirtió en tristeza. Y cuando la tristeza volvió a ser alegría una y otra vez, allá podías encontrarme. Como siempre, justo un paso atrás, justo un paso por delante y mayormente acompasados uno al lado del otro.
Y supongo que los hay que son forja catalana, y que para hacerse más duros, más resilientes y más dúctiles, tienen que recibir un duro castigo. Y lo reciben. Y de ese castigo los hay que se levantan una y otra vez. Y los hay que quedaríamos tendidos en el suelo sin fuerzas para volver a empezar, esperando a que algún alma caritativa arrojase la toalla por nosotros. Y porque es más fuerte sé que volverá a levantarse. Y porque es más fuerte, se doblará, pero no se quebrará. Y porque es más fuerte, si necesita aire, yo le regalaré el mío para que siga estando ahí, justo un paso por delante, justo un paso por detrás y, mayormente, caminando a mi lado.

2.8.05

LA BRUJA DEL MAR (2)

Y la Bruja se quedó mirando fijamente al Señor de las Letras y no pudo decir nada. Las palabras se quedaron muertas en su garganta mientras el aire escapaba lentamente de sus pulmones.
-“¿Nada?”, preguntó incrédula, “¡Mientes!”

Y el Maestro la miraba, y se podía leer en sus ojos que seguía viéndola como siempre la vio y siempre la vería. Que ni un ápice de su belleza había cedido al tiempo. Y sin embargo no decía nada. Ya había dicho y sus palabras eran un fuego que ardía en su alma, consumiéndola.
- “¿Nada?”, repitió ella, “Mientes y lo sabes. Me amaste, me amas y me amarás siempre.
Y el Maestro seguía quieto, inexpresivo. Terrible en su silencio para ella.
Por fin, algo debió quebrarse en el basto mar que Ella era. Comprendió, o creyó comprender y cedieron las murallas. Se rompió un dique y las lágrimas llenaron el aire, llenándolo todo con la fuerza de una marea, lenta e irrefrenable. Y fluyeron y corrieron como un río, y nada había que pudiera interponerse en su camino sin acabar vencido. Eran saladas como su alma marina, espesas como su corazón oscuro. Tremendas como sólo su amargura podía llegar a crearlas.

-“Pero, es que yo te necesito”, acertó a decir, “Necesito que me hables. Necesito que me quieras. Necesito que me Ames.”

Él la miró largamente. La miró como si ésta fuera la primera vez que la veía. Seguía mirándola fijamente mientras hablaba:
- “Lo que una vez te fue entregado, puedes guardarlo para siempre. Libremente te lo di y con entera libertad puedes usarlo. Pero eso será lo único que quiero que tengas de mí.”
Y Ella siguió vertiendo su pena salada en olas que no dejaban de llegar, que no dejaban de romper contra sus costas. Olas se mezclaban con las almenas de su castillo de palabras. Olas que rehacían los cimientos de su fortaleza de ideas. Olas que no cesaban.
- “Tienes que entenderlo”, llegó a decir Ella entre un sollozo y el siguiente, mientras la marea seguía subiendo, cubriéndolo todo. “Eres mi última isla ahora que he naufragado. Tu memoria es mi recuerdo. Y mi recuerdo es lo único que aún brilla en esta hora oscura. Si me rechazas, pereceré”.
Y mientras el barro de sal y palabra fraguaba en los muros de la única prisión que podría atraparle, el Maestro la miró de nuevo. Y vio su pena y saboreó su necesidad. Y atisbó su muerte. Y al fondo de todo, brillando sin razón alguna seguía estando Él. No quién era en realidad, sino lo que Ella había conservado todos aquellos años. Y se supo preso aún antes de que la prisión fuese tal. Se vio de nuevo encerrado antes de que se cerrase la puerta y se perdiera la llave en la siguiente marea, como sabía que pasaría. Al fin y al cabo Ella era la Bruja del Mar, eran sus Dominios. Y supo que su cuerpo volvería a resguardarla del frío a costa de su propio calor. Supo que sus palabras tejerían de nuevo un lecho en el que acunar su sueño. Su corazón latiría otra vez al ritmo de las olas. Y el dolor, la pérdida y el olvido sería su único premio al final del camino Y las paredes que habían crecido se llenarían una vez más de nostalgia y vacío. Buceó en su alma como hizo tiempo atrás y comprobó que no había allí ni una chispa de conocimiento. Nada que le indujera a pensar que Ella entendía.
Así, que de nuevo preso en su fría belleza, habló y selló su destino:
- “Sea”
Otra vez.

6.7.05

LA BRUJA DEL MAR

Dicen que ella apareció en su puerta, y que seguía siendo la mujer más bella de cuantas hayan existido jamás. Y que él la miró impasible como ya hiciera en las eras anteriores en las que se habían encontrado. Dicen que él ya sabía que algún día ella regresaría, y que entonces, cuando por fin volvió, se quedó mirándola y no dijo nada.
- ¿Qué sientes por mí?, preguntó la Bruja del Mar.
- Algo indefinible, respondió pausadamente el Señor de la Letras.
- ¡Eso no es verdad!, replicó ella. Tú tienes todas las palabras para definir todas las cosas. Así que responde de una vez ¿Qué sientes por mí?
El Señor de las Letras reflexionó largamente y después la miró a los ojos. Respondió otra vez:
- Algo indefinible, pero sigue insistiendo y ya sabes que al final conseguirás definirlo tú misma.
- Quiero saberlo por ti, quiero oírtelo decir con tus propias palabras, dijo la Bruja del Mar. Ahora ya estaba más que irritada.
Viendo que no había solución posible, el Señor de las Letras suspiró y, tomando aire, empezó a hablar muy despacio:
- Hubo un tiempo en que todas mis palabras eran para ti, y en el que todo lo que sentía lo convertía en palabras, solo para que tú pudieras oírlo. Pero despreciaste mi verbo y rompiste las más básicas reglas de mi gramática. Ahora vuelves a mí como aprendiz y deberás redescubrir todo aquello que ya has olvidado. Entonces, tal vez, vuelvas a ser digna de ti misma y tengas derecho a palabras que te pertenezcan. Ya no siento nada por ti.
Y así es como cuentan las leyendas que volvió la Bruja del Mar a la Escuela del Maestro de las Letras para recuperar lo que había perdido y otra vez necesitaba en aquella nueva hora de peligro y oscuridad.

6.6.05

SPAM

El otro día entré en una página de las muchas que me llegan diariamente a mi cuenta de correo sin haber sido solicitada. La página en cuestión aseguraba en tipografías bien grandes que si me apuntaba, me iba a enamorar. ¡Que bien!, pensé, ahora que he conseguido correr más que el amor, llegan estos y me lo regalan…menos mal que no es más que propaganda….¿O tal vez no? La cuestión es que cada día me llegan una decena larga de correos electrónicos de no se sabe donde y que si tuviera que describirme por mi correo no sería demasiado halagüeño. Por una parte estaríamos hablando de una persona con profundos problemas económicos y que busca desesperadamente alguna entidad financiera alternativa a los bancos que le refinancie una deuda de 402.000$. Nunca he tenido esa cantidad, y desde luego nunca la he debido, pero por alguna razón es lo que me ofrecen una y otra vez. Por otra parte, y pese a mis evidentes problemas financieros, tengo bastante dinero para intentar pillar un pelotazo a la bolsa gracias a la información privilegiada que me llega cada mañana sobre stock-options y acciones a punto de despegar. Y mientras una parte importante de mi vida pensando en el dinero, debe ser que el stress me afecta porque tengo necesidad de comprar por internet pastillas para conseguir una erección decente. Y a tenor de la cantidad de anuncios que me llegan debo de ser un cliente VIP. Sin embargo parece que esas erecciones químicas no me satisfacen excesivamente ya que debo hacerme un implante para aumentar el tamaño de mi pene. Y para qué, me pregunto, necesito un gran pene con una erección de hierro si no tengo mujer con la que compartirla. Porque digo yo que si estoy dudando entre mujeres casadas insatisfechas buscando un hombre que las llene por completo y una página en la que me voy a enamorar... Y todo ello, esos sí, con la mayor deferencia a mi intimidad gracias a la Agencia de Protección de Datos, no te digo. Menos mal que no se dice por ahí eso de “Dime que spam te llegan y te diré quien eres”. ¿O sí?

4.5.05

GENTE

Gente que entra, gente que sale, gente que habla y respira pero que ya no existe para mí. Porque he salido de este mundo y he perdido el ancla que me ataba a la realidad de un monólogo constante. Ya no me percato de ellos, ni me importa lo que puedan decir de mí. Soy lo que soy y me aparto de mi yo más íntimo, mirando desde arriba como un asceta en trance, instalándome en una superioridad fingida que ni siquiera siento.
Ahora sólo quedan los vapores del alcohol, la niebla de la nicotina y el cadencioso movimiento de unas sugerentes caderas que nunca sabré de donde han venido ni hacia donde desaparecerán.
Oigo mi voz como en un lejano susurro, e intuyo que a mi alrededor los supuestos susurros se oyen como graznidos subidos de tono. Pero no pienso callarme por eso. Ni sé lo que estoy diciendo, ni me acordaré mañana de ello, así que no tiene la más mínima importancia para mí.
No necesito escapar de mí mismo, en realidad mi propio yo es suficientemente entretenido, pero me gusta. Disfruto rabiosamente de esos instantes en los que el mundo desaparece bajo mi propio peso y me siento rey lagarto. Hasta me parece que parto y reparto.
Una transición se insinua a mi alrededor aunque no llego a percatarme del todo de cuál es la causa que la cimenta. Tal vez tenga razón Jim y la vida no consista en sentirse vivo constantemente, sinó en estar cada día un poco más muerto. Tal vez me sienta más vivo si dedico mi vida a morir. Pero entonces ¿vale la pena seguir vivo? ¿Deseo una muerte lenta y que dure años? Creo que con un ligero toque de desprecio hacia mis propias elucubraciones, postergaré esa decisión hasta que la Parca me lo pregunte personalmente. Y entonces me reiré.
Los niños malos se lo pasan mejor que los niños buenos y por eso quiero ser peor. Seguiré siendo niño, seguiré siendo malo y ella seguirá siendo mía por los siglos de los siglos. Y entonces se acordará del principio y no llegará a creerse como pudo...
Pero reconozco mi derrtoa frente al tiempo. Sé que todo tiene un principio y un fin. Así que algún día dejaré de ser niño, algún día dejaré de ser malo y, cuanto más tiempo siga con ella, más lejos estará el principio y mucho más cerca el final.
No quiero cerrar círculos nunca más, son perfectamente iguales en todos sus puntos. Atontan la mente con su engañosa y rutinaria regularidad. Quiero rectas quebradas que suban y bajen y no me dejen aburrirme. Porque si me aburro en este mundo tendré que volver a suicidarme un poco más y dejar que la gente entre y salga. Que hablen y respiren y dejen otra vez de existir para mí.

22.4.05

UN PASEO EN MI MEMORIA

Me gusta pasear por las calles de mi barrio en las tardes soleadas de primavera. Están llenas de gente que camina, que juega, que dialoga, que mira y busca ser vista. En definitiva, están llenas de vida. Suelo andar pausadamente mirando a la cara de las personas con las que me voy cruzando, intentando vislumbrar en ese contacto casual y fugaz lo que piensan, cómo son, si están contentos o tristes y que razón puede haber detrás de esa expresión. Alguna vez, al rato de que se hayan cruzado nuestros pasos me pregunto ¿quién era esa persona cargada de arrugas que me ha saludado levemente al pasar? Creo haber notado que sus ojos se han vuelto hacia su propio pasado cuando me han visto. Pienso si recuerdo esa mirada de otros tiempos, más brillante, tal vez más enérgica. Y en ocasiones, como hoy, vislumbro una imagen lejana de alguien que habla. Alguien que cuenta siempre los mismos chistes sobre comunistas, republicanos y la peseta. Alguien que llena pizarras con un cierto cansancio nacido de la repetición, muchas veces estéril, del las mismas cosas, las mismas ideas.
Y entonces me acuerdo y siento que aún puedo notar en la nariz el olor de borradores y pizarras húmedas. El murmullo insistente de decenas de susurros contenidos. El repentino e insoportable rechinar de las tizas sobre las superficies enceradas. Recuerdo perfectamente la temperatura y el olor a humanidad hacinada que había en aquellos espacios cerrados ocupados por más de 100 personas.
¿Cuanto tiempo habrá pasado ya? ¿Cuántos de nosotros habrán pasado por sus manos año tras año? ¿Seguirá intentando dibujar ideas en la mente de la misma manera que dibujaba ecuaciones en la pizarra? Me paro un momento a pensarlo y me descubro anonadado al imaginar la longitud de una hipotética cola en la que nos situáramos ordenadamente todos y cada uno de nosotros, aquellos que de alguna manera hemos quedado marcados por ese viejo maestro. Cientos de personas que han sido un poco mejores o un poco peores por haber estado bajo esa mirada cansada con la que hoy me he cruzado.
Me siento y sigo pensando en ello, saboreándolo ¿Cómo lo habrá conseguido? Cientos de ojos. Un día y luego otro, y después uno más. Ojos hambrientos de conocimientos, ansiosos de exprimirle con glotonería. Ojos indolentes, aburridos y pese a todo, presentes. Ojos adormecidos y apagados, totalmente incapaces de encontrar esa puntita de entusiasmo imprescindible para poder hacer cualquier cosa. Cómo se supera esa barrera todos los días y se guarda para uno mismo la suficiente energía para vivir el resto de cada jornada. Me lo imagino dejando las aulas con la mente ya puesta en alguna pasión más o menos oculta. Alguna tarea tranquila y absorbente que le permita crearse esa laguna tranquila donde uno puede refrescar su alma del cansancio, la frustración o el desánimo. Tal vez explore viejos legajos polvorientos buscando mundos perdidos. O siga con meticulosa precisión la etimología de una palabra casi desaparecida. No lo sé, pero si sé que me gustaría haber correspondido el saludo para poder desentrañar ese otro mundo que nunca llegué a conocer de aquel viejo profesor mío. Y aprovechar que los años nos hayan acercado para poder aproximarme a su vez a él y haberle hecho todas las preguntas en las que ahora pienso y muchas más.
No importa, mañana seguro que saldrá el sol primavera y volverá a encontrarme paseando por mi barrio. Y si la fortuna me es propicia volveré a encontrarme con él y podremos recordar el tiempo aquel en el que él me enseñaba y yo aprendía. Y. curiosamente, podré hacerle preguntas y, después de todo, él seguirá enseñándome y yo, aprendiendo.

20.4.05

VAYA PAR DE…

Me despierto y en seguida me doy cuenta de que no estoy solo en la cama. Vayamos por partes, seamos lógicos. Apliquemos sistemas deductivos a nuestra situación. Primero de todo: ¿Quién está en mi cama?¿Es alguien conocido? Veamos…¡¡Joder!! ¡¡Qué pedazo de tet…!! No, definitivamente no es alguien que yo conozca. Yo nunca olvido…una cara. Segundo: ¿Es esta mi cama? Umm, mullida, más de dos metros de ancho, sábanas de algún tejido así como resbaladizo…¡Ahí van…! Toda la sábana al suelo ¡Pero que pedazo de tet…! No, definitivamente tampoco es mi cama. Es más, el ambiente huele como a limpio y nuevo y no alcanzo a ver la pared del fondo, así que tampoco debe de ser mi habitación, ya que estamos. Perspicaz y brillante que es uno.
Tercero ¿Dónde demonios me acosté yo anoche para haber aparecido aquí? Recapitulemos; cené pizza fría del día anterior, abrí los libros, los volví a cerrar, me puse a ver el Buenafuente, me bebí…un vaso de agua, la leche lleva caducada desde que se casaron los príncipes, de España, y la botella de güisqui tuvo algo dentro por última vez allá por las Olimpiadas, de Barcelona. Y luego me acosté. En mi cama. En mi casa. Y definitivamente estaba solo (¡joder que tet…!) En fin, que la deducción no me había servido de mucho y algo había que hacer. Así que me levanté con mucho cuidado para no despertarla(¡joder que…!) y me fui al baño. Sí, claro, ya sé que en las películas no hacen eso nada más levantarse, pero yo si no voy al baño, pues como que no soy persona. No creo que haga falta decir que aquella especie de piscina municipal reluciente con jacuzzi incorporado no tenía demasiado que ver con lo que hay en mi casa. Mejor no entro en detalles de cómo es el de mi leonera que aún no he desayunado.
Volví a la habitación de la cama, miré al monumento que aún dormía y…¡pero vaya par de dom…! ¡pero que todo lo demás! ¿No se resfriaría la pobrecita?. Había que actuar con decisión, tomar el toro por los cuernos y la chica por las…¡Uy! ¡Que me despisto! ¿Por donde iba? ¡Ah, sí! Determinación ante todo.
Así que me metí otra vez en la cama y decidí que no eran aún horas de levantarse. Vamos hombre, en una suite de hotel, con una tía buena en la cama y sábanas de raso me iba despertar yo del sueño ahora…
Porfa, mami, 5 minutos más…